El taller

Hay pasos que considero esenciales para un buen logro en la construcción del instrumento.
Pongo un especial interés no solo en la elección de las maderas que utilizo para mis creaciones: Jacarandá, Algarrobo, Cedro, Abeto, etc. sino también un celoso cuidado en el estacionamiento necesario, hasta alcanzar el momento óptimo para ser trabajadas. Por otra parte el taller donde desarrollo las tareas ha sido construido con los mejores elementos técnicos que me proporcionan las condiciones climáticas ideales para un mejor acabado de las piezas, moldeado, encolado, lustres y terminación en general. Creo que cada trozo de madera es una gran síntesis de su lugar de origen, variadas geografías se nos presentan mágicamente en el correr de sus vetas, rigurosos climas modelaron su carácter, soles y lunas bañaron con su luz años y años cada tallo, cada rama, cada hoja, “vida que albergó otras vidas”, testigo silencioso de otros tiempos, que nos revela hoy sus misterios, todo esto y más, siento cada vez que tomo entre mis manos éste noble fruto que me compromete, profunda y respetuosamente a revivir todo aquello en nuevos y armoniosas formas y sonidos, como lo que alguna vez fue y contuvo. Por eso, en cada herramienta utilizada, con la fuerza del músculo, va la mejor inspiración, el peso de mi fe, mi alma, mi vida misma.

Mis guitarras poseen una fina manualidad y una exquisita conjunción de maderas que como resultado arrojan un excelente y amplio abanico de texturas sonoras, elementos que creo muy importantes pero no suficientes, por lo que a cada una de ellas le impongo además, toda la energía espiritual para que tengan “ su “ identidad, que tengan “ ese “ algo mas... en fin, vida, vida propia.

Espero y deseo que los guitarristas que las pulsen puedan sentirlo y también encontrarse en armonía con ellas, sinceramente. Doy gracias a mi esposa y a mis hijos, a mi amigo y “hermano” el gran guitarrista Salvador Gómez Cáceres y gracias a Dios por ayudarme y acompañarme a transitar este maravilloso camino del arte que amo , “la luthería”.

Fernando M. Orellano